👉👉 Una mujer trabajadora sufrió la peor injusticia de parte de los pandilleros…
y aun asĂ, sigue levantándose todos los dĂas con una fuerza que ningĂşn criminal podrá romper.
Era una tĂa noble, humilde, dedicada a su familia y a su pequeño negocio.
Pero sus propios sobrinos —infectados por el poder y la crueldad de las pandillas—
le cortaron las manos porque no pudo pagar una extorsiĂłn.
Le quitaron lo que usaba para trabajar, cocinar y abrazar.
Creyeron que al dejarla sin manos la dejarĂan sin vida.
Pero se equivocaron.
Hoy, esa mujer sigue adelante.
Hace barras de chocolate sin manos.
Las hace con el corazón, la voluntad y la dignidad que jamás nadie le pudo quitar.
Durante años, mientras ella sufrĂa, nadie levantĂł la voz.
Nadie hablĂł de sus derechos humanos.
Nadie defendió a las miles de mujeres, negocios, familias y niños de El Salvador
que vivĂan con miedo, que no podĂan ni caminar seguros en su propia calle…
por culpa de las malditas pandillas.
Pero hoy El Salvador la ve.
Hoy el mundo la ve.
Ella representa a un pueblo resiliente, que merece paz, libertad, seguridad y futuro sin miedo.
Ella no es solo una vĂctima…
Es un sĂmbolo.
El sĂmbolo de que el pueblo salvadoreño es:
más fuerte que el miedo,
más fuerte que los criminales,
más fuerte que la oscuridad.
Porque aunque le hayan cortado las manos,
nunca pudieron cortarle la esperanza.
