Cuando un hombre toca a la mujer que ama, su cerebro cambia.
No es solo deseo.
No es solo química.
Es biología.
El contacto con alguien que te hace sentir seguro activa el sistema que le dice al cuerpo:
“Ya no tienes que seguir luchando.”
Disminuye el cortisol.
Baja la tensión.
El corazón late más lento.
Y el cerebro libera oxitocina, la hormona del vínculo, la que hace que el mundo se sienta menos pesado.
Por eso, para muchos hombres, ella no es solo amor.
Es calma.
Es refugio.
Es el lugar donde el ruido se apaga.
En un mundo que constantemente les exige fuerza, competencia y alerta…
su abrazo es el único sitio donde pueden soltar la armadura.
No es debilidad.
Es regulación emocional.
El cuerpo entiende algo que a veces el orgullo no dice:
“Con ella estoy en paz.”
Porque el amor verdadero no solo se siente en el corazón.
También se siente en el sistema nervioso.
Comparte esto con la persona que es tu lugar seguro.
