Muchas esposas de albañiles enferman de cáncer de pulmón sin haber fumado un cigarro en su vida.
Muchos hijos de albañiles tienen problemas de aprendizaje sin ninguna explicación médica clara.
Y en muchos casos, la causa es la misma, y nadie la ve venir: el polvo invisible que el papá albañil trae pegado a la ropa todos los días.
No es culpa de él.
Los albañiles son de los trabajadores más nobles que tiene este país.
Levantan casas, escuelas, hospitales, todo.
Pero nadie les avisó que su ropa de trabajo puede enfermar a su familia.
Antes no se sabía esto, pero ahora sabemos que muchos de los químicos con los que trabajan son peligrosos, y además se pegan en la ropa con la que llega a casa.
Esto es lo que pasa.
Cuando un albañil corta block, concreto, loseta o ladrillo, se levanta un polvo blanco que se llama sílice.
Cuando rompe láminas viejas de techo, suelta fibras de asbesto.
Cuando lija paredes viejas, libera plomo.
Estos tres materiales son cancerígenos comprobados.
El asbesto y la sílice causan cáncer de pulmón y enfermedades que tapan los pulmones por dentro.
El plomo daña el cerebro de los niños chiquitos, les baja el aprendizaje y la inteligencia.
El polvo se queda en la ropa, en el pelo, en los zapatos.
Y cuando él llega a casa y abraza a sus hijos, ese polvo se suelta en el aire.
Ahí se queda durante días.
Y se respira.
Estas son las cosas que sí se pueden hacer, sin gastar casi nada:
• Antes de entrar a la casa, quitarse la ropa de trabajo afuera, en el patio o en el lavadero.
• Meterla en una bolsa o cubeta, nunca al cesto con la ropa de los niños.
• Sacudirla afuera, jamás adentro.
• Bañarse antes de cargar a los hijos, aunque sea un baño rápido.
• Lavar bien la cabeza, ahí se queda casi todo el polvo.
• La ropa de trabajo se lava aparte y mojándola primero.
• El agua atrapa el polvo.
• Sacudirla seca es lo peor que se puede hacer.
En la obra, mojar los materiales antes de cortarlos.
El agua no deja que el polvo vuele, y no cuesta nada.
Un cubrebocas N95 cuesta veinte pesos en la ferretería y dura varios días.
Y nunca comer con las manos sucias de polvo.
Lavarse antes, aunque sea con la garrafa.
Albañil, lo que tú haces sostiene a tu familia.
Por eso vale la pena cuidarte: para llegar a viejo, para ver crecer a tus hijos, para no enfermar a quien más quieres sin darte cuenta.
